El dinero también puede tener rostro

El dinero también puede tener rostro

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Enrique Rivera

9/7/20263 min read

El dinero también puede tener rostro

Durante tres días tuve la oportunidad de escuchar y conversar con algunas de las personas que hoy están pensando hacia dónde debe caminar el cooperativismo financiero en México. Asistí al Congreso Cooperativo CONCAMEX 2026 con muchas preguntas y regresé con una certeza: hablamos muy poco de un modelo financiero que para millones de mexicanos representa mucho más que un lugar donde ahorrar o solicitar un crédito.

Cuando pensamos en el sistema financiero pensamos inevitablemente en los grandes bancos. Pero existe otro modelo que trabaja mucho más cerca de las comunidades: las cooperativas de ahorro y préstamo. Y aquí aparece una diferencia fundamental: en una cooperativa no eres solamente cliente; eres socio.

No es una diferencia menor. El banco tradicional tiene accionistas y clientes; la cooperativa pertenece a sus socios y se construye alrededor de la participación, la ayuda mutua y el desarrollo de la comunidad. Pero eso tampoco significa que pueda vivir únicamente de sus principios. Necesita ser rentable, eficiente, segura, correctamente regulada y tecnológicamente competitiva.

Ahí encontré la gran discusión del Congreso: ¿cómo modernizar al cooperativismo sin quitarle aquello que lo hace diferente?

Conversé con Alfonso García Moreno, presidente de CONCAMEX, y con Yadira Medina Gil, directora general del organismo. Ambos tienen claro que el sector necesita crecer y profesionalizarse, pero conservando su principal fortaleza: la cercanía. Y un dato presentado durante el Congreso ayuda a entender su importancia: existen 251 municipios mexicanos donde no hay una sucursal bancaria, pero sí una cooperativa.

En esos lugares la inclusión financiera deja de ser un concepto y se convierte en algo muy concreto: poder ahorrar, obtener un crédito o financiar un pequeño negocio.

Con Daniel Alejandro Miranda López, de la CNBV, abordé el reto de construir una regulación que garantice solidez y seguridad sin impedir el crecimiento. Con Daniel Garrido, del Banco de México, hablamos de la revolución de los pagos electrónicos: solamente durante 2025 se realizaron más de 7 mil 302 millones de operaciones SPEI entre usuarios finales.

Pero mientras el dinero se vuelve digital aparece otra pregunta: ¿qué pasa con la sucursal y la relación personal?

El panel en el que participaron jóvenes socios como Hirepan Domínguez y Fátima Hernández dejó claro otro enorme desafío: el relevo generacional. Los jóvenes quieren resolver prácticamente todo desde el teléfono.

Con Ray Ruga, cofundador de Fintech Americas, quedó claro que la revolución fintech y la inteligencia artificial ya no pertenecen al futuro. Están ocurriendo ahora. Pero también aprendí algo importante al conversar con Leticia Riquelme Arriola, especialista del Banco Interamericano de Desarrollo: digitalizar no necesariamente significa incluir. La tecnología sirve de poco si las personas no tienen conectividad, conocimientos o confianza para utilizarla.

Y precisamente la confianza es una de las mayores fortalezas del cooperativismo.

La experiencia internacional también dejó grandes enseñanzas. Gerardo Almaguer, de Desarrollo Internacional Desjardins, mostró que el cooperativismo puede alcanzar enormes dimensiones sin abandonar su identidad. Mientras que Íñigo Albizuri Landazabal, vinculado a la experiencia de MONDRAGON, dejó una idea que me pareció extraordinaria: existe un “coste oculto de competir sin colaborar”.

Y lanzó una pregunta todavía mejor: ¿Qué podemos hacer juntos que ninguno podría hacer solo?

Quizá ahí esté una de las claves para México.

Con César Zepeda Prado, presidente de MEXICOOP, la reflexión fue todavía más amplia: ¿qué lugar queremos darle al cooperativismo dentro del modelo económico mexicano? Porque hablar de cooperativas no es solamente hablar de ahorro y crédito; es hablar también de economía social, desarrollo regional y generación de oportunidades.

Después de estos días regreso convencido de que el sector enfrenta una transformación enorme: digitalizarse sin deshumanizarse; competir sin abandonar la cooperación; incorporar inteligencia artificial sin perder sus principios; conquistar a los jóvenes sin olvidar a quienes construyeron las cooperativas; y crecer sin comprometer su solidez.

No será sencillo. Pero quizá el mayor error sería intentar parecerse demasiado a aquello contra lo que compite.

Una cooperativa no necesita convertirse en un banco para competir con un banco. Necesita convertirse en una mejor cooperativa.

Tecnología, aplicaciones, inteligencia artificial y mejores productos financieros, por supuesto. Pero conservando algo que ninguna aplicación puede fabricar por sí sola: la confianza de una comunidad.

Y después de escuchar durante tres días a autoridades, especialistas, dirigentes y socios, me quedo con una última pregunta:

¿Qué pasaría si México dejara de mirar al cooperativismo como una alternativa financiera y comenzara a verlo como una verdadera estrategia de desarrollo?

Ahí hay una conversación pendiente.