El país de las cifras contra el país de la calle

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Enrique Rivera

9/2/20264 min read

El país de las cifras contra el país de la calle.

Los números pueden contar una historia. La calle puede contar otra.

En su Segundo Informe de Gobierno, la presidenta Claudia Sheinbaum presentó la fotografía del México que observa desde Palacio Nacional: crecimiento de los salarios, inversión extranjera, programas sociales, infraestructura, avances en seguridad, vivienda, educación y salud. Su conclusión fue contundente: “Vamos mejor y tenemos rumbo”.

El incremento del salario mínimo es real. México mantiene niveles históricamente bajos de desempleo. La inversión extranjera ha alcanzado cifras importantes y la política social continúa siendo uno de los pilares más fuertes de este Gobierno. Sheinbaum aprovechó el informe para defender precisamente esa combinación entre política económica y bienestar social.

También colocó sobre la mesa uno de los datos que seguramente más repetirá su administración: la reducción de homicidios. La Presidenta aseguró que han disminuido 51% desde el inicio de su gobierno, además de destacar detenciones, decomisos de armas y drogas y resultados de su estrategia de seguridad.

Pero existe otro. Es el México que abre el refrigerador; el que paga la gasolina; el que busca medicamentos; el que espera una cita médica; el que intenta conseguir empleo; el empresario que hace cuentas para mantener abierta su empresa; la madre que espera que su hijo regrese seguro por la noche y las familias que siguen buscando a alguien que desapareció.

Por eso los informes de Gobierno siempre deberían leerse con dos lentes: lo que se dice y lo que se omite.

Entre los asuntos que recibieron poca o ninguna atención específica estuvieron la crisis de desapariciones, los asesinatos y agresiones contra periodistas, el crecimiento de la deuda externa del Gobierno Federal, las controversias alrededor de Sinaloa y los problemas que siguen acompañando proyectos emblemáticos como el Tren Maya.

Mientras el Gobierno habla de fortaleza económica, la economía mexicana creció apenas 0.7% durante 2025. Hay mejores salarios y empleo, sí, pero también bajo crecimiento, menor dinamismo de la inversión en algunos rubros y un Pemex que continúa representando uno de los mayores desafíos financieros del Estado mexicano.

Nos hemos acostumbrado a escoger únicamente los números que confirman aquello que previamente queríamos creer. Para quien simpatiza con el Gobierno, México marcha extraordinariamente, pero para quien lo detesta, absolutamente todo está mal.

Ni todos los datos son propaganda, ni todos los problemas son inventados.

De hecho, un ejercicio de verificación realizado sobre 20 afirmaciones del Segundo Informe encontró 9 verdaderas, 6 falsas, 3 imprecisas, una engañosa y una que no pudo verificarse. Ese dato debería servirnos para algo más que atacar o defender a Claudia Sheinbaum.

Debería recordarnos que un Informe de Gobierno es también un ejercicio de comunicación política y el Gobierno selecciona aquello que quiere contar.

La verdadera tarea del periodismo y de la sociedad comienza después: contrastar esa narrativa con la realidad.

Porque un porcentaje puede decir que disminuyeron los homicidios, pero para una comunidad donde ocurrió una masacre la percepción será distinta. Una estadística puede decir que aumentó el salario, pero quien llega al supermercado y descubre que su dinero compra menos cosas difícilmente celebrará el porcentaje. Puede existir inversión extranjera récord mientras miles de pequeñas empresas siguen luchando para sobrevivir y pueden inaugurarse hospitales mientras algún paciente continúa esperando meses una consulta.

Las estadísticas describen tendencias. Las personas viven experiencias.

Sheinbaum dijo: “No olvidemos nunca que la autoridad política y moral se escribe todos los días.” Morena enfrenta tensiones internas, cuestionamientos hacia algunos de sus personajes, disputas rumbo a las elecciones de 2027 y controversias que han obligado a la Presidenta a enviar mensajes sobre austeridad, comportamiento y disciplina.

Por eso probablemente no fue casualidad que prácticamente al terminar su discurso lanzara otra frase: “Aquí no hay divisiones, aquí no hay rompimientos”. Cuando desde Palacio Nacional es necesario aclarar públicamente que no existen rompimientos, significa al menos que la percepción de tensiones existe.

Y ahí Sheinbaum enfrenta quizá uno de los retos políticos más importantes de los próximos años: ya no solamente gobernar México; también gobernar su propio movimiento.

Ahora, ¿México está mejor?… La respuesta depende demasiado de dónde se formule la pregunta. Desde una tabla de Excel pueden existir razones para responder que sí. Desde determinadas colonias, hospitales, carreteras, negocios o comunidades probablemente responderán algo diferente y ninguna democracia debería tenerle miedo a esa diferencia.

Un Informe de Gobierno no debería ser únicamente el momento en que el Presidente explica cuánto hizo. También debería ser el momento en que todos preguntamos cuánto falta. Porque gobernar no consiste en conseguir que las estadísticas se vean bien; consiste en conseguir que esas estadísticas eventualmente se conviertan en experiencias cotidianas.

Claudia Sheinbaum aseguró que México va mejor y tiene rumbo. Ojalá así sea.

Pero esa afirmación no la decidirán los aplausos en Palacio Nacional, ni los hashtags de Morena, ni las críticas de la oposición; la decidirá algo mucho más difícil de controlar: la realidad cotidiana de millones de mexicanos.

Porque un gobierno puede ganar la batalla de las cifras, puede ganar la conversación en redes, puede incluso ganar elecciones; pero existe una evaluación que ningún gobierno puede administrar desde un escritorio: la que ocurre todos los días cuando las cifras abandonan Palacio Nacional y llegan a la mesa, al bolsillo y a la calle de los mexicanos.