Isaac del Toro: El mexicano que decidió pedalear contra la historia.
Mientras buena parte del país concentra su atención deportiva en una cancha de fútbol, un joven de Ensenada, Baja California, está escribiendo a golpe de pedal una de las historias más extraordinarias del deporte mexicano contemporáneo. Se llama Isaac del Toro.
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Isaac del Toro:
El mexicano que decidió pedalear contra la historia.
México sabe producir campeones. A veces el problema es que buscamos siempre en el mismo lugar.
Mientras buena parte del país concentra su atención deportiva en una cancha de fútbol, un joven de Ensenada, Baja California, está escribiendo a golpe de pedal una de las historias más extraordinarias del deporte mexicano contemporáneo. Se llama Isaac del Toro.
Tiene apenas 22 años y este fin de semana conquistó el Tour de Alemania 2026, su cuarta carrera por etapas ganada este año, después del UAE Tour, Tirreno-Adriático y el Tour Auvergne–Rhône-Alpes.
Pero lo verdaderamente extraordinario había ocurrido unas semanas antes. En su primer Tour de Francia terminó tercero de la clasificación general, conquistó el maillot blanco como mejor joven y se convirtió en el primer mexicano de la historia en subir al podio de la competencia ciclista más importante del mundo.
Para entender la dimensión de lo conseguido hay que mirar hacia atrás. Porque Del Toro no apareció de la nada. Antes hubo mexicanos que también decidieron desafiar las montañas europeas.
Raúl Alcalá abrió el camino en 1986 al convertirse en el primer mexicano en disputar el Tour de Francia. Un año después ganó el maillot blanco como mejor joven; terminó octavo de la general en 1989 y 1990 y conquistó dos etapas de la Grande Boucle. Durante décadas fue nuestro gran referente internacional.
Después llegó Miguel Arroyo, “El Halcón de Huamantla”, quien disputó los Tours de Francia de 1994, 1995 y 1997. Entre Arroyo y Del Toro tuvieron que pasar más de tres décadas para volver a ver a un mexicano en el pelotón de la carrera más famosa del planeta.
También estuvo Julio Alberto Pérez Cuapio, formidable escalador tlaxcalteca que conquistó tres etapas del Giro de Italia y la clasificación de montaña en 2002. Y hubo otras generaciones, nombres y kilómetros.
Ciclistas como Moisés Aldape, nacido en León y olímpico en Beijing 2008, mantuvieron viva una tradición que pocas veces recibió los reflectores que merecía. Por eso lo de Isaac del Toro significa mucho más que ganar carreras y puede significar volver a poner una bicicleta en los sueños de los niños mexicanos.
Hoy un pequeño que pedalea por Ensenada, León, Aguascalientes, Tlaxcala, Monterrey o cualquier comunidad del país puede encender una pantalla y descubrir que alguien con su misma bandera está compitiendo contra los mejores ciclistas del planeta.
Y eso importa; porque los grandes deportistas no solamente ganan medallas: También generan vocaciones.
Lorena Ochoa provocó que muchos niños conocieran un campo de golf; Sergio Pérez acercó generaciones enteras al automovilismo; Alexa Moreno hizo mirar hacia la gimnasia y quizá Isaac del Toro pueda conseguir algo parecido con el ciclismo.
México tiene carreteras, montañas, tradición, entrenadores y jóvenes con condiciones extraordinarias. Lo que necesitamos es convertir el entusiasmo en estructura. Más escuelas de ciclismo; más competencias infantiles y juveniles; más detección de talentos; más entrenadores; más infraestructura segura; más empresas apostando por patrocinar procesos deportivos de largo plazo.
Porque seguramente existen muchos niños pedaleando hoy por las calles y carreteras de México que jamás imaginaron que esa bicicleta pudiera llevarlos algún día hasta París.
No sabemos todavía hasta dónde llegará, tiene 22 años y en el ciclismo de élite su historia apenas comienza.
Pero después de terminar tercero en el Tour de Francia y ganar cuatro vueltas por etapas en una misma temporada, una pregunta que hace algunos años habría parecido exagerada hoy comienza a ser perfectamente legítima:
¿Podremos ver algún día a un mexicano ganar el Tour de Francia?
No lo sabemos. Pero por primera vez en mucho tiempo podemos soñarlo sin que parezca una locura. Ojalá México aproveche el momento, porque sería maravilloso celebrar sus triunfos.
Pero sería todavía más importante que dentro de diez años descubramos que detrás de Isaac aparecieron veinte, cincuenta o cien jóvenes intentando seguir su rueda. Entonces podremos decir que Del Toro no solamente ganó carreras; revitalizó una escuela.
Hizo que una generación completa volviera a subirse a una bicicleta y que aquel joven mexicano que decidió pedalear contra la historia terminó haciendo algo todavía más grande: abrió camino para que muchos otros pudieran alcanzarla.
