Transformación económica en Guanajuato: El futuro de la innovación
Debería ser una generación completa de jóvenes capaces de diseñar tecnología, desarrollar inteligencia artificial, construir empresas, investigar, patentar y competir globalmente desde nuestro estado.
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Guanajuato Suma: ya no basta con fabricar,
ahora hay que crear
La fertilidad de El Bajío convirtió al estado en una de las grandes regiones productoras de maíz, trigo, sorgo y cebada del país. Después llegó una transformación agroindustrial que permitió procesar, conservar y exportar alimentos. Más tarde ocurrió otra revolución: Guanajuato pasó del campo a convertirse también en una potencia manufacturera. Llegaron parques industriales, carreteras, armadoras, empresas proveedoras y capital extranjero. Honda, General Motors, Mazda, Toyota, Hino y cientos de compañías vinculadas a ellas modificaron para siempre el rostro económico del estado.
Hoy Guanajuato enfrenta una nueva transformación. La gobernadora Libia Dennise García Muñoz Ledo presentó Guanajuato Suma, Un Nuevo Rumbo para Nuestra Gente, una política económica que busca preparar al estado para competir ya no solamente por su ubicación, infraestructura o capacidad manufacturera, sino por algo mucho más complejo: talento, conocimiento, innovación y tecnología. Y me parece que ahí está lo verdaderamente importante. Porque el modelo que durante tres décadas funcionó extraordinariamente bien ya no será suficiente para competir durante las próximas tres.
El mundo está cambiando. La inteligencia artificial, los semiconductores, los centros de datos, la electromovilidad, la manufactura avanzada, los dispositivos médicos, la digitalización y las energías limpias están redefiniendo dónde y cómo se genera riqueza. Guanajuato quiere estar ahí.
La estrategia SUMA plantea cinco grandes ejes: desarrollo regional equilibrado; diversificación y transformación tecnológica; infraestructura industrial y energía; talento y empleabilidad; y fortalecimiento de las MIPYMES. Y llega acompañada de números importantes. En su presentación fueron anunciados 17 nuevos proyectos por 2 mil 558 millones de dólares y 3 mil 567 empleos. Con ellos, el Gobierno estatal reporta 76 proyectos de inversión durante la actual administración, por más de 6 mil 400 millones de dólares.
Pero creo que el éxito de SUMA no deberá medirse solamente en millones de dólares. Ese sería el error. Durante años hemos celebrado cada nueva planta que llega a Guanajuato. Y debemos seguir haciéndolo. La inversión genera empleo, infraestructura y desarrollo. Pero ahora necesitamos dar el siguiente paso. ¿Cuánto de ese dinero termina quedándose en Guanajuato? ¿Cuántas empresas locales se convierten en proveedoras? ¿Cuántos jóvenes consiguen empleos mejor remunerados? ¿Cuántas patentes, desarrollos tecnológicos y empresas guanajuatenses surgirán alrededor de esas inversiones? ¿Y cuánto de ese crecimiento llegará realmente fuera del corredor industrial?
Porque otro de los grandes compromisos de SUMA es llevar oportunidades a los 46 municipios. La propia estrategia establece que la inversión, el turismo, el campo y el financiamiento deberán convertirse en mejores ingresos para las familias. Ese será, quizá, su examen más complicado. El desarrollo económico de Guanajuato ha tenido un poderoso motor en el corredor industrial. El reto ahora es conseguir que esa prosperidad tenga más ramificaciones y alcance a más regiones del estado.
Y para lograrlo hay una palabra fundamental: talento. Podemos traer centros de datos, inteligencia artificial, semiconductores y manufactura avanzada, pero si no contamos con las personas capacitadas para operarlos, diseñarlos y desarrollarlos, terminaremos importando también el conocimiento. Por eso, universidades, tecnológicos, centros de investigación y sistemas de capacitación tendrán que convertirse en protagonistas de esta nueva etapa. De hecho, SUMA ya comenzó a vincular capacitación y certificaciones con inteligencia artificial, transformación digital y manufactura avanzada.
Ahí está la evolución que me parece más interesante. Durante generaciones, Guanajuato produjo alimentos. Después aprendió a transformarlos. Más tarde aprendió a fabricar productos para el mundo. Ahora necesita aprender a crear el conocimiento con el que se fabricará el futuro. Y eso cambia completamente la ecuación.
La siguiente gran inversión de Guanajuato quizá no debería ser únicamente otra planta. Debería ser una generación completa de jóvenes capaces de diseñar tecnología, desarrollar inteligencia artificial, construir empresas, investigar, patentar y competir globalmente desde nuestro estado. Por eso, Guanajuato Suma representa una oportunidad, pero también una enorme responsabilidad.
Las cifras de inversión pueden anunciarse. Los empleos pueden contabilizarse. Las plantas pueden inaugurarse. Pero una transformación económica solo puede presumirse cuando mejora la vida de las personas. Guanajuato ya demostró que puede evolucionar: del Granero de México a la agroindustria; de ahí a la manufactura; de la manufactura al liderazgo automotriz. Ahora viene quizá el salto más difícil: pasar de fabricar el futuro a diseñarlo.
Y si Guanajuato logra hacerlo, SUMA no habrá sido solamente el nombre de una política económica. Habrá sido el inicio de una nueva etapa en la historia del estado.
— Enrique Rivera Sin Interferencia
